Columna de Ruy
Escribo esto con un fondo musical de Aimme Mann pionera de la canción de la ruptura emocional y la mujer que encuentra el sentido de la vida al odiar a su con odio jarocho a su ex (subgénero que exploto en los noventa Alanis Morrisette): hace pocos años, platicando sobre la soltería con un amigo gringo, éste se refirió a su solitario status como en “búsqueda de su próxima ex”. El tipo era un satírico pero sabia poner las cosas de una manera pragmática. ¿Para que hacerme ilusiones del tipo “la mujer con la que pasare el resto de mi vida” cuando es mas probable que se trate de “una mujer más en la larga cadena de mujeres con las que terminare separado”? Y no es una cuestión sexista o misógina: exactamente lo mismo aplica para las chicas. Los encuentros con una persona del otro sexo, siguiendo las enseñanzas de la entropía o el llamado “kipple” de Philip K. Dick, están marcados desde antes del dia1 con una calavera que simboliza, por supuesto, el deceso de la relación.
No quisiera ser dramático, pero así como recordamos con frecuencia que la vida es corta hay que aprovecharla al máximo, habría que pensar, sobre todo en los días felices de un noviazgo o matrimonio, que un día todo terminara como lo conocemos y que, citando al replicante Roy Battym, “todos esos recuerdos se perderán en el tiempo/ como lagrimas en la lluvia”. ¿Taciturno? Sin duda. Tan genuinamente oscuro y desesperanzador en el porvenir amoroso, tantas novelas, canciones y actos estúpidos han desembocado de ese siempre fallido proyecto conocido como romance, que es mejor tomar previsiones y enfrentar el próximo holocausto del corazón con la cabeza bien cubierta bufanda y paraguas (no sea que el chubasco de la decepción amorosa nos provoque una neumonía emocional o, valga la referencia ochentena un eclipse total de corazón). Vaya, tener buen ánimos y las armas indicadas puede ser suficiente para que el golpe no se tan fuerte.
Y es mi propuesta mirar con mejores ojos, por lo mismo el hecho de un buen día quedarse solo en, sin nadie con quien comer sushi tirado en la cama un sábado para ver una pila de DVD, la otra almohada vacía y el celular hueco porque ya no recibe aquellos SMS que alegraban nuestro corazón (nota personal: demonios). Divorciarse y/o separarse supone un caudal de ventajas para el cuerpo y la mente. Al faltar todos esos episodios de sonrisas falsas y expresiones y expresiones complacientes con suegros y amigos estupidos que nunca toleraste (nota personal: y yo digo amen). Regresa la lozanía del cutis, se te aclaran las ideas y se recupera la condición física. El fenómeno de nesting (en el cual la persona se siente tan cómoda con su relación que comienza a empacar comida a un ritmo escandaloso) queda atrás, y el egoísmo de verse solo y pensar solo en la propia recuperación pueden llevar a un provechoso régimen de ejercicio que endurece el abdomen y mejore nuestra condición cardiovascular. Ojo, no confundir con esos pelmas que hacen músculo como enajenados en un gimnasio, o las flaquencias impuestas por depresión post ruptura que muchos viven. Eso si es enfermizo y hay que evitarlo a toda costa. Cuando te separas lees libros que nunca pensaste leer (como ese tabique de Kundera que llevaba años en tu buró), te atascas de innecesaria peor placenteramente con compras inútiles, como esa caja inédita de 18 DVD que tu ex nuca te “permitió” adquirir (porque cuando la veías en el anaquel ella de dedicaba una mirada de “hey, en el mundo hay cosas mas importantes”).
Cuando te separas tarde o temprano llegaras a la conclusión de que no pasar lo días con una persona non grata del sexo opuesto es desagradable y poco deseable. ¿Quién quisiera comer o ir al cine con alguien que resulta tan charming como un martillazo en los testículos? Nadie, claro. Cuando te separas, con un poco de concentración y trabajo mental (un six de pack de cerveza belga y muchas sesiones de fútbol y videojuegos ayudan, armas una horrible imagen de la ex persona amada que se convierte ante tus ojos en una bruja verrugosa de tal calibre que que te hace preguntarte como fue que un día te libaste de sus mieles y lo pregonabas con arco y lira en mano. Si mientras te duchas concluyes que la media naranja no existe (ni los príncipes azules), llenas de insultos a tu ex (y no sientes odio sino solo un mórbido placer), te sonríes al pensar en la estúpida manera de pasar los fines de semana con ella
y tuerces la boca con un “yanimodo” al recordar el dinero que gastaste en aquella inútil empresa, prácticamente estas curado. Ha llegado el momento de buscar a tu próxima ex.
“nos volveremos a ver/por que siempre hay un regreso”, dice Calamaro, “por eso /contá con eso/ Pongo mi mano al fuego por vos”. Y no se refiere a una persona en concreto, sino a tu condición humana: a pesar de todo volverás a estar enamorado y feliz. Todos regresamos a lo mismo. Porque no hay mejor cosa que llegar a casa y “calentar los huesos” – parafraseando a David Gilmour- y encontrarse con la persona amada. Por que el alma no florece sola , sino acompañada.
Una manera de decirle adios a don Ruy Choco-nestle, aunque hace una semana anuncio su despedida de TdQ y de la editorial Televisa, hasta ahora pude subir este post con una de sus columnas (mi favorita personal), me gusta mucho su estilos de escribir; y auqnue no esta por ahora en el medio editorial se que no tardara mucho ene encontrar un nuevo trabajo, gracias por la iluminación de sus columnas y sus libros Mr. Ruy.




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